jueves, 2 de septiembre de 2021

042-Mechita II

Mechita II

 

Cuando se acerca el verano, me gusta salir a la ruta muy temprano, disfruto el amanecer en zonas más despobladas, esperando ver el estallido de verde y oro desde el este, y si hay algún espejo de agua, mejor. Como en general encaro el viaje sin apuro, suelo detenerme en alguna bajada y aguardar las bandadas de garzas blancas y bandurrias, que se acercan. Los zorzales, benteveos y horneros, muchas veces me aturden con su canto de alegría saludando el nuevo día. A veces quedo tan extasiado, que hasta dejo enfriar el mate.

Esta vez tomé la ruta 5 con rumbo a la laguna de Bragado, corazón de la pampa fértil; pasando la localidad de Alberti, los carteles que aparecieron, iluminaron mi recuerdo y sacaron a flote las emociones vividas hace cerca de 30 años, con un increíble personaje que conocí en ese tiempo y quedé conectado luego, solo en forma epistolar. Mechita era la ciudad de la anécdota y Regino Sardiazabal el protagonista, que en su momento se convirtió en un nombre popular, gracias a una carta que expuso a la entrada de la oficina de una empresa constructora y más cuando en un artículo que, gentilmente me publicaron en el diario local, relaté lo sucedido. Al día siguiente Regino, un paisano enfundado en sus botas, el ceño fruncido, la mirada severa, bien afeitado y los bigotes prolijamente recortados, se apersonó en el hotel donde me alojaba, con su sombrero de ala ancha en la mano y su pañuelo anudado al cuello; luego de cruzar unas palabras y aclarar los tantos, me invitó a su casa a matear.

Volviendo al viaje, sentí la necesidad de pasar por Mechita y visitar a mi amigo Regino. hacía más de un año que no nos escribíamos y la emoción fue grande al vernos; cuando él me preguntó sobre lo que estaba escribiendo, seguramente se dibujó en mi rostro la idea que tuve desde que pensé en visitarlo y al toque, como rápido que es, me preguntó qué andaba escondiendo bajo el poncho con esa cara de ingeniero de la Nasa; por supuesto que solté la carcajada y a su pedido de desembuchar, desembuché. ¡Mirá Regino! (porque ahora nos tuteamos), estoy escribiendo a través de unas preguntas que le formulo a distintas personas que fui conociendo en mi vida y me gustaría que me honres en acceder al cuestionario. A lo que me respondió que estaría encantado en participar, me pidió un momento para volver a ensillar el mate que se había lavado, y mientras calentaba el agua, comencé:

 

1. ¿Cuál es tu palabra favorita?

Perdón. Pero no como cosa humillante, sino como liberadora, que nos saca el entripado de alguna discusión.

2. ¿Cuál es la palabra que menos te gusta?

Provocación. Suele ocurrir todavía, cuando voy al boliche, que algunos paisanos pasados de ginebra, buscan cualquier excusa para iniciar una pelea, pareciera que se sienten culpables de su debilidad por el alcohol y buscan a alguien que los castigue.

3. ¿Qué es lo que más te causa placer?

Trabajar. Ahora que estoy casi jubilado, en la obra dejo de meterme en los trabajos pesados, por la cintura, viste, pero bueno, mal que mal ya hice lo mío.

4. ¿Qué es lo que te desagrada?

Ver la vagancia en muchachos jóvenes, tirados por el pueblo, sin ambiciones ni proyectos, con desgano para cambiar su destino.

5. ¿Cuál es el sonido o ruido que más placer te produce?

La voz de la Jacinta, cuando se acurruca a mi lado y van 40 años.

6. ¿Cuál es el sonido o ruido que te aborrece escuchar?

El rugir de autos y motos a la hora de la siesta o en las madrugadas del viernes y sábado.

7. ¿Cuál es tu grosería favorita?

¡Porca Madonna! que a pesar de que mis padres eran vascos, un amigo de ellos era napolitano y yo la repetía desde niño sin saber su significado, ahora cuando me sale, la Jacinta me retruca ¡Porco Regino!

8. Aparte de tu profesión ¿qué otra profesión te hubiese gustado ejercer?

Camionero. A veces cuando con la patrona nos sentamos a tomar mate bajo la sombra de los álamos de la ruta, todavía jugamos, cuando pasa un camión a que ella me ceba en la cabina.

9. ¿Qué profesión nunca ejercerías?

Chofer de fúnebres. Pero te cuento algo peor que siempre me impresionó, cuando era niño, muchas veces paraba a reabastecerse, un corredor de carreras de Villa Ballester, quién era contratado para abaratar costos, por empresas fúnebres de Buenos Aires, para llevar y traer personas recién fallecidas, atadas en el asiento del acompañante, simulando que estaban vivas.

10. Si el Cielo existe y te encontraras a Dios en la puerta ¿Qué te gustaría que Dios te dijera al llegar?

Regino, bienvenido,  te esperaba porque te resististe varias veces, pero veo que fuiste feliz, te ganaste el cielo.

 

El día avanzaba y no quería pasar la noche en el camino, la despedida fue difícil para todos pues estaban dispuestos a alojarme en su casa como ya lo habían hecho en su corazón y seguí mi ruta con la promesa de pronto regresar.

 Regino, Jacinta, Mechita, nombres que llevo grabados a fuego gracias a la escritura.

 

Charlybicen

 

sábado, 24 de julio de 2021

De los espejos 41

 

De los espejos

 

De los espejos tengo algo que contar, varias de las anécdotas de mi vida están atravesadas por ellos, como la aguja que unía las lentejuelas de los disfraces que hacía mamá. Siempre fui muy coqueta y me gustó verme reflejada.

El cuarto de mis padres tenía un ropero con luna en la puerta central, que nos permitía vernos de cuerpo entero; el espejo no era el original, esa habitación antes había pertenecido a mis abuelos y uno de ellos me contó que su tía desde Añatuya, les había enviado, como regalo de casamiento, un chivo vivo al que llamaron Bartolo. En el patio, vivía Bartolo con total libertad, a la sombra de la parra de uva chinche, alternando su camino entre el piso de ladrillos y el pasto del jardín. Hasta que una tarde, encontró la puerta del ropero abierta y viendo reflejado al que creyó era su macho enemigo, sin piedad y a toda carrera, embistió a su supuesto oponente, se estrelló contra el espejo  y lo hizo añicos. Bartolo quedó un poco desconcertado pero orgulloso de que su enemigo huyera. Del destino de Bartolo no tuve noticias precisas y decidí no preguntar más.

De la misma habitación recuerdo dos cosas muy atractivas: una, la muñeca de porcelana en el centro de la cama; teníamos prohibido tocarla luego de que Carlitos, mi hermano, le hundiera los ojos móviles que cerraba al recostarla; la otra, el espejo de mano con manija, bordes de plata y un nacarado violeta en la parte de atrás, de un juego de tocador en la cómoda puesto sobre una carpetita, tejida en crochet por mi bisabuela.

Ese espejo, que sacaba primero a hurtadillas y luego con el debido consentimiento, reflejaba a la que fue, durante casi toda la escuela primaria, mi amiga invisible, visible, a la que llamé Susy, pues la cara que veía reflejada cuando lo enfrentaba, no era yo, siempre supe que detrás estaba mi amiga. Teníamos discusiones, con puntos de vista completamente opuestos que nos llevaron a pelearnos, por lo que durante mucho tiempo estuvo apoyado en la cómoda sin reflejar nada; hasta que mi mamá, sabia como todas las madres, viéndome cabizbaja y solitaria, se acercó para hablarme de la amistad, pero sobre todo del perdón, resaltando que perdonar es importante para reconocer al otro, pero fundamentalmente es sanador para nosotros. Luego de soplar los mocos, corrí en busca de mi amiga y la encontré como estaba yo, sonriendo y con lágrimas, la acerqué a mi pecho y no nos separamos más.

En ese patio donde vivió el chivo Bartolo, papá instaló un soporte con aro para el loro Oro, un perico muy parlanchín que aprendía rápido. Mi amiga Susy y yo, conversábamos en la hamaca del fondo, donde le contaba lo que sucedía en la escuela, ya que mamá no me permitía llevarla, hasta que cerca del medio día me llamaba para prepararme, al grito de —¡Mirtha vamos!—, con el tiempo descubrí que en los días sin clases, justo a las doce, el loro Oro, nos llamaba igual —¡ Mirrrrtha vamos!— despertándonos risa y asombro a las dos.

Hoy, para cuidarla, está guardada en el cofre donde tengo mis maquillajes, anillos, aros y collares, siempre fue la más coqueta y ahora les cuento ( sin que ella me escuche), desde que me operé las cataratas, la veo más arrugadita... ¡pobre!

Charlybicen


lunes, 3 de mayo de 2021

EL CARASSIUS Y LA HORMIGA: dos fábulas

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No permitas que la vida te pase por encima sin que la vivas…”

Walt Whitman


Fábula 1

En una caja de vidrio de 60 cm x 30 cm x 40 cm, caben casi 70 l de agua, suficientes para que un carassius, pueda vivir  de 30 a 40 años.

En una caja de ladrillos de 10 m x 20 m x 3,5 m, caben casi 700 m3 de aire, suficientes para que un obrero trabaje todos los días unas 10 horas durante 40 años.

Ninguno protesta, ni se rebela, ni se asfixia, uno nada entre piedras y plantas; el otro camina esquivando mesas y máquinas.

El primero disfruta de cada burbuja del salvador aireador, el otro,  recibe cada quincena su burbuja en dinero, que apenas le permite seguir viviendo.

A la especie acuática la domesticaron los chinos hace unos mil años; al obrero, desde hace mucho tiempo, los intereses creados. Le mostraron las ventajas de la civilización, la necesidad del dinero, la familia y el deber ser, atrapándolo en eso que, le dijeron, era la vida.

Las obligaciones, lo esclavizaron para no dejarle tiempo de pensar. Es imposible que un carasius pueda sobrevivir fuera del agua, igual pasa con el obrero  a quien por razones de edad, lo obligan a salir de su caja de ladrillos, lo premian con una medalla, pero no sabe que hacer fuera de sus rutinas y se asfixia…

Fábula 2

 

Emulando a las hormigas, que mueven cada grano de tierra para hacer su hormiguero; el hombre, todos los días agregaba algún ladrillo más, para darle cobijo a su familia, luego de trabajar en el taller por diez horas.

Siempre sintió el hostigamiento del banco, el corralón, el almacén y hasta de su familia que tanto amaba. Con los años, esa agresión va acumulando suficiente ácido para inocularlos. Su hormiguero creció, pero pocas hormigas lo habitan, el fruto de tanto esfuerzo sólo se ve convertido en un montículo de tierra. Ya nadie lo reconoce, ni preguntan por él, haciéndose una hormiga solitaria, vagando por el mundo a medida que le llega su tibio crepúsculo. La libertad es un tesoro que descubre en soledad, el pasado no lo puede cambiar. Ciego por voluntad, despertó al mundo después de 40 años, ahora siente que las hormigas hembras, cual amazonas modernas, prescinden de los machos, relegándolos a un segundo plano en la familia; tal vez tomándose revancha de tantos siglos en el que fueron sojuzgadas. La soledad, tiene un peso que no soporta. Decide regresar... encontrando tierra rasa en lugar del hormiguero...

 Charlybicen

 




jueves, 29 de abril de 2021

El monstruo de Bicen 39

 

El monstruo de Bicen


El monstruo de Bicen es una frase, pero no quiere decir que Bicen sea un monstruo, al menos no para mí; tampoco es una mascota que lleva a pasear tirando de la correa, por la tarde cuando cae el sol. Hace referencia al que lleva dentro, yo los conozco muy bien, a su monstruo y a él.

Ellos se llevan… digamos… se llevan. Han pasado tantos años desde que se conocieron, que no podría precisar cuándo fue. Si lo pienso bien, le costó reconocer su propiedad cuando algún amigo se lo señaló luego de una acalorada discusión juvenil; le dijo que se había transformado en un “ogro verde”, eso ocurrió antes de la aparición en TV, de la famosa serie el increíble Hulk y mucho antes de Shrek. Rápidamente desestimó la apreciación, pero se quedó pensando y apenas tuvo oportunidad quiso comprobar el aspecto y color de su rostro. 

No es fácil reconocer lo que somos y menos cuando las críticas son negativas a nuestras expectativas. Ogro, lo situaría en una categoría dentro de los monstruos, de los humanoides, en general gigantes y con fealdad notable, pero algunas características son subjetivas; el verdadero miedo lo provoca su propensión al daño y la violencia, igualmente tanto Hulk, como Shrek, se ganaron el cariño de los espectadores. Si bien él nunca cambió su aspecto, creo en este caso, por su facilidad para la ira, que se acerca más a Hulk.

Con los años, su monstruo interior lo siguió sorprendiendo, en cuanto a la versatilidad que presentaba. Del ogro, trató de hacerse amigo para que le ayude a ejercitar el control de la ira, aunque amigarse no deja de ser un arma de doble filo, más si consideramos su inestabilidad que pasa de dulce a monstruoso, conocer al otro es lo más importante. Con los amigos uno aprende a minimizar sus defectos, su violencia, su rivalidad, sus ambiciones desmedidas, su propensión a la discordia, su gusto por lo libertino y nos permite anteponer a esas perturbaciones, la mansedumbre, la bondad, la confianza, en definitiva, la paz, la alegría y el amor. 

Cuando nació la nieta, su vozarrón, estatura, barba y aspecto en general, lo transformaron en un nuevo monstruo, al menos para la nena que siempre lo evitaba. Esto lejos de amilanarlo, hizo desarrollar su paciencia y constancia hasta que, poco a poco, ella amó las monstruosidades que antes veía y ahora esté expectante de su llegada.

Para sus ex parejas, también representó distintos monstruos; nos decía que cuando uno se separa, tal vez un tiempo antes, comienzan a juntarse, el egoísta, el orgulloso, el vanidoso, siempre liderados por su ogro irascible, conformando así un monstruo difícil de aceptar, se los digo de buena fuente.

Tanto en el aspecto físico como en el de relación, con la mirada del otro podemos pasar de ser tiernos, a tiernos monstruos y a monstruos o viceversa, como lo fueron en la ficción La Bestia, Shrek, Frankenstein, Quasimodo y muchos otros estereotipos de la fealdad.


Está muy bueno tener un monstruo, pero mejor es tener varios, que se conozcan pero que no se junten, basándonos en teorías políticas que dicen que hay que dividir para gobernar. Nuestra paz interior depende mucho del manejo que tengamos de los monstruos que nos habitan, para no llegar a una abominable hibridación.


Charlybicen.


lunes, 26 de abril de 2021

LA PUERTA DEL INFIERNO 38


LA PUERTA DEL INFIERNO 

Nos esperaba un largo viaje, seguramente agotador y también lleno de imprevistos. 

Con Teodoro nos conocimos en el primer grado de la primaria y fue en ese mismo año que de forma insólita, jugando con sus primos, tuvo la desgracia de perder su ojo derecho, que fue reemplazado por uno de vidrio. Seguimos compartiendo los estudios hasta finalizar la secundaria, pero solo como compañeros; amigos nos hicimos al coincidir en un curso de periodismo y mitología. Nos gustaban los libros antiguos, pero en uno que no lo era tanto, encontramos la dirección postal de un castillo medieval, ubicado en pleno macizo de Los Ródope, Bulgaria. 

Darina, hermana de Teodoro, conocía el idioma búlgaro y algo de griego; eran hijos de yugoslavos; ella fue la que se animó a escribir la primera carta y les detalló nuestro interés en conocer el lugar, del que se decía que muchas personas que lo habitaban conocían historias que para nosotros eran poco menos que fantásticas. 

Luego de un mes, nos llegó la respuesta en una carta manuscrita, muy difícil de leer, al parecer escrita con tintero y pluma; la desciframos entre los tres, con algo de ayuda de sus padres. La persona que nos contestó tenía algún título nobiliario,  suponemos que algo así como Conde de Pliska, y nos refirió que de las tres personas que podían dar respuesta a nuestras inquietudes,  sólo quedaban dos con vida, Boris de 99 años y su hermana  mayor, Albena, de edad incierta; el mismo Conde nos refería que llevaba en este mundo 97 años. Rápidamente, en una segunda carta, tratamos de ajustar los pormenores y así poder viajar a entrevistar a los tres, antes de que alguno más pase a otro plano de existencia. La respuesta no se hizo esperar y el Conde nos detalló algunas formas de llegar seguro al castillo. Debíamos volar hasta Atenas, allí tomar un transporte terrestre que cruce la frontera hasta la ciudad de Dospat, y en la taberna lindera a la terminal, atendida por pòmacos, debíamos preguntar por Alexius, quién nos llevaría al castillo.

Tardamos una semana en decidirnos, organizarnos y convencernos Teodoro y yo, que incorporar a Darina al viaje no solo era necesario por el idioma sino que no había forma de despegarla del proyecto después de tanta participación que tuvo y así le confirmamos al Conde, que en aproximadamente un mes, nos conoceríamos personalmente, si Dios así nos lo permite, como cerraba el sus cartas.

A principios de mayo volamos rumbo a Atenas, haciendo escala en Estambul, donde cambiamos de avión; en Grecia nos recibió el clima veraniego del hemisferio norte y descansamos haciendo noche en el hotel del aeropuerto. A las diez, partió el micro que nos llevó, tras nueve horas de viaje, hasta la ciudad de Dospat. El transporte, pese a la incertidumbre que llevábamos, increíblemente se estacionó con la puerta en la entrada de la taberna de los pomacos. Entramos y había clima festivo, nos enteramos que el dueño, Alexius, festejaba su cumpleaños número sesenta y cuando nos presentamos fue imposible, a pesar de nuestro cansancio, negarnos a participar del festejo; así, bebimos cerveza bien fría y comimos nuestros primeros kebapche, una especie de relleno de chorizo, muy picante, con batatas frías y queso rallado. Bailamos hasta tarde y dormimos en los cuartos de la taberna. 

A las siete de la mañana, Alexius nos despertó para desayunar un exquisito tarator, que es una sopa fría con base de yogurt, pepinos, ajos y nueces; Teodoro prefirió café con leche y torta de chocolate. 

Pensábamos llegar al castillo en una 4x4, pero Alexius nos tenía preparadas cuatro mulas muy vivaces; nos dijo que sólo así podríamos llegar; si bien el camino no era largo, sus tramos de cornisa lo hacían muy difícil de transitar: ni siquiera los turcos se habían atrevido a atravesarlo para tomar el castillo, por el costo de la empresa . Resignados y confiados a nuestro guía, comenzamos el andar que nos demoró unas seis horas; pasando por lugares de vegetación tupida y en el borde de una garganta profunda, de unos 1800 metros, apareció el castillo. 

Nos pareció, y al llegar lo confirmamos, que estaba en ruinas. El silencioso andar de las mulas igualmente fue detectado por los perros, unos feroces mastines gigantes que nos infundieron miedo, menos a Alexius y sus mulas acostumbrados a ellos. Su voz los amansó de inmediato y de pronto se convirtieron en juguetones perros de compañía. La puerta del castillo estaba abierta y luego de atar las mulas nos acercamos. Apareció un señor muy elegante con traje de ceremonial, semblante sereno y una sonrisa que se le dibujaba debajo de unos enormes bigotes blancos, y en un casi perfecto castellano nos dió la bienvenida, presentándose como Todor Georgi Boris Krum, Conde de Pliska y descendiente del Kan Krum. 

Estábamos en presencia de una persona sencilla y deliciosa a la vez, con unos modales envidiables, su castellano se debía a que durante la época del comunismo, con su familia habían encontrado  refugio en España, precisamente en Toledo. Luego de alojarnos en sombríos cuartos, cenamos a la luz de las velas con las provisiones que preparamos para el viaje, el Conde nos dijo que temprano en la mañana, entrevistaríamos a Boris y Albena, y que él actuaría como traductor. 

Confieso que solo estar en presencia de tres personas que  sumaban casi 300 años, no es común, ni fácilmente repetible; además, contaban  con una salud y energía envidiable. Todos sabían que nuestras investigaciones pasaban por lo que se contaba en los libros sobre los testigos presenciales del Cerbero o Cancerbero y precisamente Albena, acompañada por un enorme bastón hecho rústicamente con una rama de laurel, tomó punta en el camino que recorrimos por veinte minutos hasta la entrada de una caverna, que si bien se veía oscura, se fue iluminando a medida que nos internábamos; descubrimos que la luz procedía del fondo muy lejano. 

Avanzamos con curiosidad, notando que la temperatura ambiente aumentaba, hasta que Boris nos dijo que nos detuviéramos. Era una parte ancha de la caverna y pudimos descansar sobre unas rocas planas; Albena nos contó que a la edad de seis años había venido con su abuelo a este mismo lugar, y que él le relataba que ese fondo de la caverna que ahora veíamos era el infierno: No nos parecía estar lejos de eso, ya que el calor nos abrasaba. El Conde, Darina y yo comenzamos a descompensarnos y  decidimos salir de la caverna. Teodoro se quedó con los ancianos hermanos. Al alejarnos escuchamos ruidos de cadenas y fuertes ladridos, que nos apuraron el paso. En la siguiente hora, nuestro nerviosismo iba en aumento hasta que vimos aparecer la figura de los hermanos con sus bastones, ayudando a Teodoro que apenas se sostenía. A la sombra de un frondoso árbol encontramos sosiego para el calor y repusimos todos, energía.

Soy una persona desconfiada y poco fantasiosa y es el día de hoy que me debato en la duda de saber si lo que vivimos en esa caverna fue verdad o producto de los efectos del calor, influidos por los mitos que allí se contaron. Teodoro sigue asegurando que él mismo vio como la anciana Albena con unas tortas de miel atraía hacia sí un enorme mastín de tres cabezas, que estaba encadenado a lo que ella llamó la puerta del infierno. 


Charlybicen. 


domingo, 18 de abril de 2021

MALDIGO LAS MALDICIONES 37

 

MALDIGO LAS MALDICIONES

¡Maldigo las maldiciones! Con esta contradicción, comienza un texto que encontré escrito en una hoja amarillenta, mientras repasaba un libro de los tantos que mi padrino me dejó como herencia. A pesar de los pocos años que pasó por nuestra vida, dejó huella en toda la familia y un gran vacío cuando ocurrió aquella tragedia que lo llevó a vivir solamente en nuestros corazones. Lo recuerdo conversador, divertido, tocaba la guitarra cantando tangos que nos emocionaban hasta las lágrimas, con textos sobre huérfanos, madres abandónicas y niñas que dejan el mundo para dedicar su vida a la oración tras los muros de un convento. También era mujeriego empedernido, siempre tenía más de una novia a la vez, y entre mis compañeros de primer año eran muy solicitados sus relatos de conquistas y performances sexuales. A los trece años todos los varones estábamos con la testosterona al límite y nuestra avidez de saber algo más de lo que normalmente para todos era tabú, lo convertía en ídolo. Entre todos sus relatos y sin la presencia de mis padres, recuerdo que nos contó de la gitana Zita y no por los detalles de sus encuentros, sino porque descubrimos un poco quienes eran los gitanos, que tanto miedo nos infundían nuestros mayores; ellos nos hablaban de que robaban chicos, entraban a las casas y encantaban a todos para llevarse  lo poco de valor que una familia podía guardar. Nos contaba que los gitanos eran un pueblo nómade que fue llegando a Europa desde el noroeste de la India, desde el siglo XIV, manteniendo en gran parte su cultura, su lengua y tradiciones. La palabra oral, siempre tuvo fuerza, atribuyéndole poderes espirituales y telequinéticos; la magia, la adivinación y el espectáculo, fueron su fuerte, desplazándose en carromatos y viviendo en carpas de dimensiones importantes para varias familias, como las que dieron origen a los circos. Muchas veces fueron acusados y perseguidos por su magia, su poder de venganza y sus conjuros malignos. Nos decía que es muy difícil revertir una maldición gitana. De hecho confesó que en una gran discusión que tuvo con la gitana Zita, cuando lo encontró en una situación comprometida con otra señorita, la gitana le lanzó varias maldiciones que él no se atrevió a repetirnos.
Esa hoja que encontré y ahora transcribo, se me hace que era parte de una carta que le escribió a Zita, como para compensar las maldiciones recibidas y no se la envió nunca: 

¡Maldigo las maldiciones!
Que rechaces las advertencias de tu padre y como castigo te halaguen los cínicos, entronizándote con una corona de rocas que te hundan en el agua que te bautiza.
Que se burlen de ti el día del espanto, cuando te alcancen la angustia y el dolor.
Que busques desesperadamente a  tu dios y no lo encuentres ni en sus lugares sagrados y te creas sabia en medio de falsos profetas y solo los necios te acojan.
Que se vacíe de amor tu corazón y ese vacío se llene de odio y sed de venganza. 
Que despiertes a los perversos, a los malvados y crean que no han terminado su obra, eligiendote para acabarla, y escapando solo encuentres tenebrosos caminos.
Te deseo que descubras tarde el sabor amargo como el ajenjo, en los labios de miel de tu amante y caigas en la trampa de su abismo profundo.
Que se derrame el último vino de tu copa en esa noche de soledad, de espanto repentino y cuando pienses que todo se acabó, que ya no hay esperanzas, descubras que sos inmortal y vivas la eternidad como ese instante. 

También quiero suponer que sólo fueron recopilaciones de distintos textos, el odio y la venganza no eran su fuerte y en lo que a mí respecta, ni siquiera me hizo bien leerlas, aunque quise ser fiel al relato, contándolo como fue.
Charlybicen.

FINAL-36

 


FINAL

Sobre la tormentosa llanura, 
asoman nubes cargadas de truenos.
Un extraño nerviosismo nos sobrecoge,
alerta y angustia.

El viento cómplice, empuja las nubes.
La calma repentina, igual nos alarma.
Una amorosa oscuridad, nos envuelve.
Del brasero, sube un humo tachonado de chispas.

Tus caricias sutiles,
recorren como espesas lágrimas de poeta
las raíces mismas de mi ser
y te hacés real.

Salgo del hechizo, del sueño amable,
el deseo carnal nos envuelve,
comenzás viajando sobre mí
como prisionera, un grito te libera.

Mi embate sutil nos enardece,
el volcán interior desborda su lava
cubre nuestros cuerpos entrelazados.
Más allá del límite, muero extasiado.

Charlybicen